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Carta a los Reyes Magos

Hace tantos años que no les escribo!

Al comienzo de mi vida lo hacía, con ayuda de mis padres, como interesado directo. Mucho después, en nombre de mis hijos, encausando sus pedidos en cosas viables. Ahora, invocando a muchos de nuestros lectores, que piden que se haga realidad todo lo que es posible.

Pido un paquetito de Igualdad, Justicia, Seguridad, amplias oportunidades laborales, una educación intensa pero generosa, una solidaridad más vasta que los buenos deseos, para que de esta manera todos podamos sentir en plenitud, y no como slogan, la libertad, la igualdad y la fraternidad.

No es una aberración pedir oportunidades de trabajo para aquellos que tienen una vocación laboral eficiente, dentro de una sociedad responsable, que debería reinvertir constantemente utilidades, sin necesidad de endeudarse. No es convincente el ¡me gustaría! de los que viven con inoperantes ilusiones, sobre actos que piden que otros hagan. Tampoco el ¡yo pongo la idea! ¡que el capital y el trabajo lo pongan otros! El presentismo se ha convertido en muchos casos, de un acto responsable en una irresponsabilidad encubierta. Se está presente en la escuela, ¡nunca falta! pero ello no significa que se está atento para aprender. ¡Estoy presente en el trabajo, pero la paso bien porque no estoy siempre trabajando! De esta manera se ocupan sillas que se transforman insensiblemente en inodoros encubiertos.

Y esto no es solamente atribuible a los funcionarios públicos. La ética del trabajo, sobre la cual pocos hablan, requiere unir constantemente inteligencia con sudor. El esfuerzo permanentemente bien orientado, es lo que permite grandes descubrimientos y conquistas, pero también es válido para lo común y cotidiano. El éxito puede ser momentáneo, si no es siempre preservado. ¿Cómo un país de abuelos inmigrantes se ha configurado en otro, en el que nuestros hijos y nietos piensan en emigrar? Pertenecer a una tierra determinada implica identificarse orgullosamente con ella, no solo en sus bellezas, sino en sus armonías sociales, y en las oportunidades para crecer como individuo.

La Patria es el sitio en que vivieron los padres, y descansan en Paz, y en donde sus descendientes continúan.
Conviene recordar ¿por qué vinieron los inmigrantes europeos? a fines del siglo XIX y hasta los años cincuenta. Ellos se escapaban de las continuas guerras en las cuales eran carne de cañón y la destrucción de las poblaciones civiles formaba parte de los objetivos de sus circunstanciales enemigos. Además la desocupación y el hambre les quitaba esperanza de sobrevida.

Para retener a nuestros hijos sepamos crear nuevas fuentes de trabajo y, simultáneamente, el libre acceso a conocimientos eficientemente aplicables. Pero también, demos vigencia a la igualdad y seguridad plena de derechos, para que noten la diferencia entre ser un colado en otro país y ciudadano en el propio.

Un desocupado es un descreído en el tiempo, que termina transmitiendo su inseguridad a su entorno. También alguien que no se siente físicamente seguro vive con miedo, al no estar debidamente protegido por el rápido cumplimiento de las leyes, y una justicia eficaz. Si algunos no aprecian una real protección legal, no pueden sentirse ciudadanos de primera… La tolerancia de la corrupción, en lo público y en lo privado, va generando paso a paso la degeneración social. Los que quieren hacer carrera política, aceptan por conveniencia las mentiras de sus aliados, para poder confrontar con las que esgrimen sus adversarios. Si en los tres poderes del Estado la corrupción está enquistada y aceptada, la república democrática no funciona plenamente, porque la corrupción niega de hecho la igualdad de oportunidades para todos. Más aún, la auténtica libre competencia se desbarata cuando los oligopolios actúan ilegalmente para eliminar a las empresas más chicas que ofrecen otras opciones al público. En realidad esta carta no está destinada a los Reyes Magos, sino a cada uno de los lectores para que podamos regalar a nuestros hijos ese país de ensueño que queremos.

Carlos Besanson

Publicado en el Diario del Viajero n° 713 del 27 de diciembre de 2000