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Como nacer de nuevo…

Cada vez que la vida nos da un gran susto, que podemos superar con mayor o menor rapidez, decimos que hemos nacido de nuevo. Frecuentemente aplicamos ese concepto a momentos dramáticos de nuestra existencia, pero quizá por ser circunstancias puntuales no lo generalizamos en muchos otros episodios. El conductor que hace una mala maniobra y toma conciencia de que ha generado una situación de peligro fatal se promete no volver a hacerlo, pero no entra en el análisis de lo que se denomina acto inseguro y persona insegura. Ese conductor puede producir en otras actividades riesgos, quizá no tan perceptibles, pero sí suficientemente graves para su actividad personal, profesional o social. En esos casos el nunca más no es tan definido por cuanto el susto no ha sido dramáticamente intenso. Sus errores los derivará a mala información, deficiente ejecución por sus colaboradores, fatalidad o situaciones impredecibles.

En realidad, y sin caer en teorías de la reencarnación, todos podemos muchas veces nacer de nuevo. El amor es un factor de esperanza y proyección positiva, y por lo tanto nos renueva si tiene permanente vigencia. El éxito profesional puede afirmar nuestro pacto con la vida.

Un buen trabajo quita zozobra y pacifica el espíritu. Una nueva amistad permite reflejarnos parcialmente en un espejo en donde es posible retocar la imagen. También las sociedades pueden reorientar su decurso y satisfacer a sus componentes con mejores perspectivas, es como si nacieran a nuevas etapas de su evolución. Esas otras situaciones a veces sorprenden por lo inesperadas a aquéllos que no están atentos a las rápidas transformaciones, que se generan a veces subterráneamente, pero que se evidencian y surgen de golpe.
La conducta humana no es fácilmente previsible en cada uno de sus actos, pero sí es posible definir las tendencias de esa conducta. Es decir que se puede aplicar también el cálculo de probabilidades a las reacciones de los individuos o de cada sector de la sociedad en la medida en que no hagamos jugar un elemento que puede ser engañoso: el tiempo. Cualquiera sea la conformación religiosa, ideológica o filosófica en general, casi todos buscamos renacer en Navidad. Todos pretendemos recibir y emitir mensajes de paz y esperanza, de confianza y unión, de entrega a una idea, a un ideal, a un amor. Todos tratamos de nacer de nuevo, pero con más experiencia, con más gratitud hacia la vida.

Carlos Besanson

Publicado en el Diario del Viajero n° 712, del 20 de diciembre del 2000