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Educar para crecer – Crecer para creer

Creo que existe casi unanimidad de opiniones coincidentes en que la educación es la base esencial para un crecimiento intelectual del individuo y de la sociedad. Sin embargo esta coincidencia desaparece cuando en el terreno de las aplicaciones no ponemos inteligencia en el desarrollo y aggiornamiento de nuestros pares y de nuestros hijos.

Se dice que la modernización de la enseñanza requiere de grandes inversiones. No es totalmente exacto; bastaría un mejor aprovechamiento de lo existente para lograr resultados apetecibles.

Si entendemos como un imperativo moral y social que exista una amplia y difusa asistencia a quienes tienen dificultades de aprendizaje por falencias físicas o psíquicas, también tendríamos que entender a aquellos que tienen una capacidad potencialmente mayor deben tener oportunidad de desarrollarla en la escuela común. No estoy hablando de la existencia de escuelas para niños superdotados, que también deben existir, sino de que la escuela común brinde al estudiante la oportunidad de tener un incremento en el nivel de enseñanza actual, que puede estar entre un veinte o treinta por ciento adicional, que permita en virtud de su dedicación y ansia de conocimientos recibir más información. La implementación de este proyecto es simple. Bastaría que una de las divisiones de cada grado en la primaria y en la secundaria tuvieran un nivel de exigencia mayor para aquellos alumnos que libremente y con la orientación de los padres y maestros optaran por ese proyecto piloto. Al final de los cursos todos tendrían el mismo título, pero algunos habrían liberado su potencial de estudios, por encima del techo que habitualmente se pone a los alumnos para que esperen a los más retrasados.

Si confiamos en la justa y democrática libertad de oportunidades, debemos brindarla también a aquellos que por sus características y medio ambiente familiar, pueden asimilar mayores conocimientos. Así como en educación física se tiende a que todos los alumnos practiquen deportes, pero se seleccionan para un trabajo más intenso a aquellos que pueden llegar a ser campeoncitos, así también la escuela común debe fomentar una mejor y leal competencia en el aprendizaje. Clases más exigentes a quienes son aptos para ello no perturba la educación, que jamás debe ser vulgar y sí sabiamente diferenciada en función de aptitudes y actitudes escolares.

Como un mero ejemplo del desperdicio de medios disponibles debemos reflexionar sobre la sinrazón del mal aprovechamiento existente sobre muchos equipos que hay en los hogares de los alumnos y que no son debidamente utilizados para la enseñanza complementaria. ¿Se pensó acaso en la gran cantidad de casas que tienen computadoras, video grabadores y caseteras, que podrían ser alimentadas por un servicio de préstamo de material pedagógico administrado por el colegio o la cooperadora escolar? ¡Cuánto material de apoyo puede pasar por esas herramientas modernas no empleadas adecuadamente! ¿No sería ésta una opción frente a una televisión no formativa?

Son los docentes los formadores de la conciencia moderna de nuestros niños. Es para ellos el enorme desafío de comenzar un racional aprovechamiento de los medios disponibles dentro de la escuela, y de aquellos que estando fuera de ellas pueden ser usados como extensión de una diferente metodología de enseñanza.

Abandonar a los que menos pueden es injusto, desaprovechar a los que pueden más, también lo es. No hay futuro de grandeza para aquellos pueblos que desperdician valores y oportunidades. No hay presente para los individuos que no quieren romper la inercia de la mediocridad. En vez de nivelar hacia abajo, empujemos hacia arriba de una vez por todas.

Carlos Besanson

Publicado en el Diario del Viajero 233, del 16 de octubre de 1991