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Eficiencia como valor agregado

Cuando no aportamos soluciones
descuidamos el problema…
C.B

Los buenos ejemplos educan en la medida que dan resultados positivos. Hay que poner eficiencia en el valor agregado. Ser efectivo no es tener dinero acumulado, sino capitalizar la actividad con bienes de inversión comprados sin deudas, para el equipamiento productivo.

La eficacia implica el conocimiento de la realidad para poder mejorarla. Se tarda mucho tiempo en aprender a hacer bien las cosas, y después en esperar para que los demás lo sepan. Debemos entender que las buenas ideas bien aplicadas se parecen en algo a la plantación de árboles que necesita una inteligente paciencia para lograr los primeros resultados concretos. Eso significa en promedio unos diez años de constancia operativa, que psicológicamente muchos políticos y empresarios no se sienten animados a esperar. En las escuelas y universidades ¿tendremos que crear una cátedra que nos enseñe a forestar ideas para obtener éxitos personales bien fundados?

El itinerario político debe tener una cartografía accesible para todos los ciudadanos, de manera tal que nadie se pierda en un camino no transitable y lleno de escollos y datos contradictorios que desorientan.

Debemos conservar los aciertos para adaptarlos metódicamente a la evolución de una realidad cambiante.
U
n mal diagnóstico lleva a un mal tratamiento terapéutico. Las autopsias pueden descubrir las causas reales de la pérdida de una vida, pero jamás resucitan a los muertos. A lo sumo pueden evitar nuevos episodios fatídicos.

La capacidad de dirigir es un tipo de dato que no se pondera en un balance común. Un desarrollo armónico obliga a tener estrategias realistas y viables, y tácticas vigiladas cotidianamente.
El saber explotar un nicho del mercado sin convertirlo en sepultura es simultáneamente un arte y una ciencia. Aunque las firmas de un contrato sean auténticas, no existe seguridad plena de su total cumplimiento. Hace años, al expandirse el número de sucursales de bancos y financieras, propuse que periódicamente en las sedes zonales y fuera del horario de atención al público, se hicieran pequeños cursos prácticos para potenciar a la clientela de acuerdo al tipo de actividad que los mismos desarrollaran. El gerente de esta manera tenía posibilidad de conocer mejor a sus usuarios y al mismo tiempo ayudarlos a crecer. Lamentablemente esta sugerencia no se aplicó. Los bancos no podían enseñar a no endeudarse caprichosamente para pagar lujos improductivos. Cuando la insolvencia de los deudores es desmesurada arrastra patrimonialmente a los acreedores.

Si parte de la culpa es nuestra ¿la culpa ajena quién la paga?

Carlos Besanson

Publicado en el Diario del Viajero n° 1173, del 21 de octubre de 2009