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El desorden de los factores

No basta elegir un objetivo alcanzable, sino también escoger el camino viable, que no sea tortuoso y sobresaturado de escollos, que lo conviertan en algo tan lento y cansador que el desgaste sea desproporcionado en relación a los resultados. C.B.

Cuando era chico me enseñaron en l a escuela primaria ciertas reglas básicas de matemáticas. Una de ellas era: el orden de los factores no altera el producto, es decir el resultado, aplicable tanto a la suma como a la multiplicación. Pero si ese concepto lo aplicamos a la resta o a la división las consecuencias pueden llegar a ser disparatadamente negativas.

Un país puede crecer en cantidad de habitantes y simultáneamente decrecer en calidad ambiente. Puede ganar un importante torneo deportivo internacional, mientras las villa miseria crecen en número de ocupantes precarios y la hambruna no se calma. Cada uno de estos conceptos inadecuadamente ubicados pueden cambiar los resultados evaluativos. Una educación adecuada es el mecanismo idóneo para que una sociedad crezca en su nivel de vida, no sólo económico sino también de sanidad intelectual y de paz personal.

La tolerancia es un elemento esencial de convivencia ciudadana, en la medida que no implique connivencia con la desidia, el error y la corrupción ajena, que termina con el tiempo comprometiéndonos en cómplices abiertos o encubiertos. Pero romper el silencio para condenar los fraudes, públicos y privados, no debe llevarnos a violentos y destructivos estallidos.

El gritar no mejora el entendimiento ajeno. La claridad de los argumentos tienen más fuerza sin la necesidad de aumentar los decibeles. Los silbidos tampoco refuerzan la comprensión de aquellos que los escuchan.

El redoblar de tambores agita acústicamente el entorno pero no facilita la captación de adeptos a la protesta. Para una sociedad que en ciertos momentos está dispersa y desorientada el barullo puede desarrollar actos emocionantes, pero no necesariamente conductas inteligentes de los partícipes activos o pasivos. No es buena docencia las acciones agresivas, salvo la denominada legítima defensa por parte de quien realmente sufre una arremetida física.

El debate mantiene viva la democracia.

La ciudad es una vidriera que puede estar bien o mal presentada y debida o indebidamente iluminada.
Por algo nuestra Constitución Nacional habla del bienestar general. El bien es lo que satisface una necesidad buena. Este concepto se entiende mejor si se le contrapone el de malestar, que implica infortunio o penuria. Bienestar no es sólo estar bien circunstancialmente, es sentir una estable tranquilidad dentro de un entorno ambiental. En la medida que esos entornos se multipliquen mayoritariamente, el promedio de una región o de un país se eleva, incrementándose así la seguridad general y la igualdad democrática.

El trabajo está interrelacionado con el entorno político, económico y social; si mejoramos sus niveles ayudamos a aplicar el referido imperativo constitucional de bienestar general.

La política no es inocencia, pero no debe ser malvada en sus objetivos y modus operandi. El impune mal comportamiento de la dirigencia, termina prostituyendo los entornos, dejando una secuela no sólo de malversación de fondos, sino de tiempos y esperanzas. Si no corregimos nuestros errores una nueva generación vivirá errada por culpa nuestra. Ah… siempre los factores desordenados alteran el resultado

Carlos Besanson

Publicado en el Diario del Viajero n° 944, del 1o de junio 2005