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El honor y la honra

Ha pasado ya mucho tiempo desde que un ciudadano Presidente que se dirigiera al Congreso de la Nación con motivo de su mensaje de asunción, calificó como traidores a la Patria a los corruptos. Ese calificativo de gran impacto emocional fue un anuncio que no tuvo consecuencias posteriores ya que nadie recibió o fué adjudicatario de esa desprestigiante etiqueta. En realidad todo aquéllo que funciona mal está corrupto; es decir si nos ceñimos exclusivamente a un sentido estricto y circunscripto al que corrompe o es corrompido por dinero, nos estamos limitando sólo a una posibilidad de acción penal. Pero no todo lo corrupto es penalmente punible, pero sí moralmente sancionable; y las reglas de juego de una sociedad deben tener en cuenta ciertos principios éticos y morales, que son vigentes aunque no conduzcan a los infractores a la cárcel.

Los ciudadanos funcionarios no sólo deben respetar la ley sino que también deben cumplir con las normas éticas que la sociedad considera indispensables para mantener la unión general con la aceptación mayoritaria. La ineficiencia también es una forma de corrupción porque las sociedades modernas le han dado una categoría ética fundada en el deber ser de cada uno de sus componentes. Los ciudadanos ineficientes, sean funcionarios o no, también pueden ser considerados corruptos si su ineficiencia es crónica y carente de autocrítica.

Otro concepto que corresponde revalorizar es el honor y la honra. No muchos se parecería que este concepto o concepción fuera propio de otras épocas, o incluso de otros siglos. Sin embargo el honor en cuanto signifique sentido de honestidad y justicia ejercido con responsabilidad es otro imperativo categórico de una sociedad que no quiere permanecer enferma y menos morir vergonzantemente.

Sin honor la libertad está en peligro porque los habitantes la consideran como un elemento negociable. Sin honradez el comercio es vil con tendencia a prostituirse. Sin honestidad es posible apropiarse sin justa compensación del trabajo ajeno. Sin honra es muy poco lo que se puede transmitir a los hijos con el agradecimiento final de ellos.

El desarrollo comienza en la mente, es decir, en la toma de decisiones inteligentes por los pobladores de un país. Como parte de esa inteligencia en acción tenemos que buscar y apuntalar al honor con el debido reconocimiento general. Dar vigencia a premios a la honestidad en el cumplimiento de su deber, es destacar que ese individuo además de honesto es valiente, porque desde siempre defender el honor es un acto de valentía.

Cuando todos descubramos que resulta un brillante negocio ser bueno, quizás existan muchos competidores en este nuevo y diferente camino a la fama, a través de la honra; porque en el otro, en ser famosos por la deshonra, ya existen muchos postulantes contemporáneos.

Carlos Besanson

Publicado en el Diario del Viajero n°197, 6 de febrero de 1991