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El vaivén de la información

Siempre he oído decir que por lo general el hombre bien informado resuelve bien y el hombre mal informado resuelve mal. Pero ¿qué es buena información? Desde ya aquella que le es útil a quien la recibe y le sirve para una correcta toma de decisiones. ¿Y quién determina la utilidad de esa información? En primer lugar quien la recepciona; en segundo lugar quien está interesado y comprometido en atender debidamente a quien va a hacer uso de esos datos. Encarado de esta manera tenemos la sensación que el tema es sencillo. Pero siempre hay una tendencia a complicar lo simple para desorientar a quienes pueden molestar con tomas de decisión no convenientes a ciertos intereses. En este caso el engaño está destinado a ocultar datos, falsear objetivos, o sumar adeptos que se convierten transitoriamente en incautos cautivos. Cuando hablo de ocultar datos no me refiero exclusivamente al silenciamiento de los mismos sino también a hacerlos pasar desapercibidos dentro de una avalancha de información que apabulla. Mezclar lo importante con lo superficial es un método que termina nivelando todo, y a todos, en la mediocridad. Falsear objetivos es otro mecanismo destinado a desconcertar a propios, a no tan propios, y a extraños. Puede ser empleado como elemento integrante de ciertas estrategias y tácticas guerreras, en que el enemigo está bien definido como tal. Pero cuando hablamos de derechos humanos y de derechos ciudadanos no debemos considerar como enemigos a los otros que comparten este gran ambiente que se llama planeta Tierra. Cuando se asume la labor de conducción de grupos humanos alterar inconsultamente los fines constituye una gran falta ética. Podemos discutir si la política es solamente el arte de sumar, pero sumar engañosamente voluntades ya no es arte, es un fraude, con el agravante que requiere la existencia de un equipo

humano, que puede llegar a convertirse en una encubierta asociación ilícita de pseudos salvadores de la sociedad. La acción habla más fuerte que las palabras. Sin embargo muchos especuladores consideran, a mi entender arbitrariamente, que una promesa de un posible hecho futuro arrastra más que la gratitud por hechos pasados. Esta injusta concepción facilita la labor de los charlatanes, sean estos elegantes en su decir, o empleen lenguajes de barricadas.

Los medios de comunicación social deben asumir cada uno de ellos en forma independiente la responsabilidad del volumen de la información, en función de las características propias del público que atiende y de la época en que vivimos. Cuando el sonido carece de armonía puede llegar a ser mero ruido, y aumentar el volumen del mismo no implica mejorar la calidad del mensaje acústico. De la misma manera el incremento de la información no ayuda si la misma no es inteligente y útil.

La saturación de mensajes no coherentes y hasta contradictorios no ayuda al ser humano. A menudo uno tiene la sensación de manejar un tipo de información, periodística y documental, que sirve exclusivamente para una tarea limitada; es como si se tuviera un banco de datos tipo guía telefónica que no señala nada más que tres únicos datos, pero que no nos indica el nivel intelectual y moral de cada uno de los integrantes que figuran en sus listados. De esa manera algunas noticias a veces son presentadas como largos listados de personas y hechos, teatralizados en un escenario no siempre bien iluminado El respeto al lector y al espectador obliga a una prudencia en la selección del mensaje porque antes se hablaba de matar el tiempo; ahora el riesgo es que el tiempo mal empleado lo mate a uno.

Carlos Besanson

Publicado en el Diario del Viajero no 546, del 15 de octubre de 1997