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En busca del tiempo perdido

Aprovecho muchos fines de semanas para repasar la geografía de nuestro país. Un amigo de la ciudad de Carlos Casares, provincia de Buenos Aires, me planteaba la dramática situación en que se encontraban sus hijos que iban a la escuela primaria a raíz de los constantes asuetos escolares provocados por el plan de lucha de los maestros. Sin entrar en la temática de la justicia o injusticia de esos planteos laborales, mi amigo me preguntaba ¿qué podían hacer los padres para que sus hijos no perdieran la oportunidad de aprender? El no tenía dudas que el buen aprendizaje se ha convertido ya en la única posibilidad de despegue individual y social. Sin educación adecuada no hay futuro para nuestros jóvenes, ni en este país ni en ningún otro. Los días de clases desaprovechados se asemejan a los de un atleta que no se entrena, y el tiempo de ocio no llenado adecuadamente es tiempo definitivamente perdido. Las escuelas han ido desarrollando una institución complementaria que son las cooperadoras de padres de alumnos. Destinadas originalmente a recaudar fondos para suplir partidas presupuestarias que desaparecían de antiguas rutinas, poco a poco fueron adquiriendo mayor participación en problemas circunstanciales que requerían opiniones adicionales, consensos necesarios o esfuerzos suplementarios.Año a año esas cooperadoras se invistieron de mayor personería y también de mejor personalidad. Los padres fueron descubriendo que no era mediante el enfrentamiento con las autoridades escolares, o con la confrontación, que sus hijos iban a ser mejor atendidos. Sólo la complementación entre las dos vertientes esenciales de la docencia, la familia y el magisterio, se logran resultados positivos en la enseñanza.

Mi consejo a mi preocupado amigo fue que los padres emplearan en la emergencia medios de apoyo audiovisual, que sin responder necesariamente al programa, permitieran llenar conocimientos generales tan necesarios para introducir a los infantes en el mundo de los adultos. Asimismo aconsejé que se aprovecharan los días de huelga para hacer excursiones con visitas pedagógicas, apoyadas por los padres de los alumnos.

Un tercer elemento de ayuda es el dictado de charlas, en esos días de paro, por parte de médicos sobre temas vinculados al cuidado de la salud y a la sanidad en general. También es la oportunidad para que los alumnos practiquen todo lo referente a la huerta familiar y escolar, que da un caudal de conocimientos y experiencias importantes con respecto a la naturaleza y las leyes biológicas.

Es decir, en esta emergencia los padres pueden hacer muchas cosas, todas menos una: perder el tiempo no haciendo nada positivo ni conducente.

Estas sugerencias no están destinadas a terciar en el tema docente. Su único fin es evitar hacer responsable a una niñez de los conflictos de las generaciones que la precedieron. Malversar el dinero ajeno puede llegar a ser un delito. Malversar el tiempo ajeno es un lento homicidio de un semejante. Tomemos conciencia de ello.

Carlos Besanson

Publicado en el Diario del Viajero n° 215, del 12 de junio de 1991