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Fuerzas centrífugas y centrípetas

Para aprender es necesario fatigarse.

F. M. Dostoievski

Esa gran aldea, en que se ha convertido nuestro planeta, no ha perdido su sentido fragmentario pese a su globalidad. Parecería que detrás de cada gran aglutinamiento político-económico se produce un fraccionamiento de algunos de sus componentes que lo integran. Un ejemplo podría ser la vasta y poderosa Unión Europea que indirectamente va aceptando por etapas la pacífica división de la república Checa de la Eslovaca, o la parcialización violenta de la ex Yugoslavia.

Se observa lo mismo en distintas latitudes, en donde las pujas internas de la ex Unión Soviética, o en los tradicionales movimientos independentistas de regiones en España y Bélgica, contradicen la lenta globalización de Europa. A veces se tiene la sensación que se vuelve a un viejo feudalismo cuando aparecen señores protectores que otorgan cuidados a cambio de aceptación de vasallaje.

Es que en la conducta humana en sociedad siempre se ha dado, en forma alternativa o simultánea, contradictorias fuerzas centrífugas y centrípetas, como si los factores aglutinantes se convirtieran en el tiempo en movimiento de expulsión, y viceversa. El corsi e ricorsi que sostienen algunos historiadores de formación italiana reverdece cada tanto.

El orgullo nacional no se afianza con desfiles guerreros ni con perecederos shows de profesionales en el deporte. Unos y otros distraen pero no conforman suficientemente la cohesión entre los habitantes. El justo orgullo de sentirse ciudadano activo de un país es el elemento aglutinador de una Nación, y eso sólo se logra con un vigente sentido de pertenencia y no de mero enganche.

El idioma no es lo único que une a un pueblo, sino tendríamos el absurdo, que alguna vez se dio en otras tierras, que la enseñanza de lenguas extranjeras era considerada una traición.

La debida comprensión de las ideas y de los mensajes de otros supera la diferencia de idiomas y dialectos. La comunicación bien efectuada entre emisores y receptores que alternan armónicamente su función favorece el acercamiento ciudadano. El disenso minoritario tolerado ayuda al consenso mayoritario y al respecto de una democracia republicana que capta ciudadanos y no expulsa habitantes. Sólo la igualdad de todos al acceso a la educación integral, al trabajo inteligente y a la protección de la salud y de la vejez, da la sensación de seguridad equitativa. Pero el compromiso moral de atender debidamente, tanto a los nietos como a los abuelos, afinca a todos. Nadie quiere mudar de país cuando existe la justicia en él. Nadie busca trabajo lejos de su hogar cuando lo tiene cerca del mismo. Solamente cambian de religión y de nación los que perdieron la fe y la esperanza en el origen de esas ideas. Así como en medicina los medicamentos tomados a destiempo no detienen los procesos perversos, también en política la prevención de los problemas y la oportunidad de cada acto destinado a corregirlos, debe ser hecha en forma pertinente y no extemporánea, para no generar fuerzas centrífugas. Los sanitaristas y clínicos en materia socio-económica deben ser tan responsables, que los patólogos y los forenses políticos sólo tengan trabajo sobre temas históricos que no tienen vigencia ya.

Carlos Besanson

Publicado en el Diario del Viajero n° 491, del 25 de septiembre de 1996