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La adolescencia y sus carencias

Hace tiempo, mi esposa y yo, fuimos invitados por las autoridades de un colegio, a un taller de reflexión para padres, sobre la adolescencia. Si bien nuestros hijos no habían aún entrado en la plenitud de esa etapa de la vida, el tema nos apasiona desde el momento en que fuimos adolescentes, y por lo tanto usuarios de ese período tan significativo de la existencia humana. En las charlas entre padres, divididos en dos grupos mixtos, en que el padre no estaba en el mismo que la madre, se intercambiaron vivencias y experiencias que me permitieron reafirmar algunas ideas y conclusiones.

En primer lugar es aplicable en muchos casos el concepto vigente en las reuniones de familiares de alcohólicos anónimos en que aquellos que tienen un problema pueden ser bien comprendidos por los que comparten los mismos inconvenientes. En ese tipo de reuniones la gente se sincera con más facilidad al saber que quien escucha pasa por similares dificultades. A su vez las confidencias de unos alientan las de otros, y se llega a que lo que parece anormal es bastante común.

La adolescencia es una etapa de rápido crecimiento, y por lo tanto el mismo es inarmónico en el aspecto físico y psíquico. Tiene como inconveniente adicional que ese desarrollo no se produce exactamente en una fecha dada, sino en un período aproximado que no es coincidente entre los mismos compañeros del colegio. Por lo tanto surge el riesgo de competencia entre los condiscípulos que ya están desarrollados hormonalmente, y aquellos que están en los procesos previos. Esto lleva a una sectorización circunstancial que puede llegar a ser agresiva, o carente de solidaridad entre los mismos coetáneos.

Pero la adolescencia no termina con el aparentemente igualaría a todos, sino que dura muchos años. Legalmente cesa cuando se arriba a la mayoría de edad; pero prácticamente muchos adultos no logran el equilibrio y la madurez tan necesarios para ser felices y hacer felices a los demás. Y muchos de esos adultos carecientes se convierten en padres de adolescentes más carecientes Creo que encarar ese período como una enfermedad es un grave error conceptual. Pienso más en una sucesión de pequeñas crisis consecutivas que van desde la famosa crisis de identidad hasta la falta de concentración en las tareas, o la dispersión en los objetivos.

Los adultos censuran las actitudes de los jóvenes que violan las reglas de urbanidad, sin dar ellos suficientes ejemplos cotidianos de conductas éticas, que sean representativas de solidaridad social. Las antinormas de algunos adolescentes son estruendosas y a veces molestas para el entorno. Pero también son perturbadoras las malas conductas de los adultos cuando, después de ser ejercitadas solapadamente, son descubiertas públicamente.

La carencia mayor de los adolescentes es la de buenos ejemplos dados por sus mayores. Las incoherencias, contradicciones y duplicidades de los adultos no facilitan un buen desarrollo juvenil. Se habla mucho del joven, pero poco con el joven. El hogar es el recinto apropiado para ese diálogo, y los integrantes de la familia los mejores interlocutores. No podemos olvidar a los maestros, que son complementos necesarios en la formación de esos individuos que caminan hacia las responsabilidades de la mayoría de edad.

Carlos Besanson

Conceptos ya publicados en el Diario del Viajero no 344, el 1o de diciembre de 1993