Blog

aaa

La canción que vuelve a empezar

 

Dos años de reflexiones, más otros dos de escritura y de correcciones le tomaron a Olivier Bourdeaut para escribir su primera novela. El resultado: un libro de 500 páginas que nadie nunca quiso publicar. En cambio, una estadía de siete semanas en España le bastó para escribir Esperando a Mister Bojangles, su segunda novela escrita, pero la primera en ser publicada, que fue un éxito de ventas en Francia y que ya agotó su primera edición en español. Un libro que, dice, escribió para estar solo pero que hizo que, sin embargo, nunca estuviera tan acompañado: entrevistas en la prensa, programas de televisión, radio, candidaturas, premios y giras de promoción, que lo trajeron este mes a Buenos Aires para participar de la Feria del Libro y de diferentes actividades junto con escritores y periodistas. Con una prosa melodiosa, en la que se mezcla la voz narrativa de los recuerdos de un niño y la itálica de los escritos del padre, esta historia extravagante y devastadora, cóctel de locura, melancolía y poesía, hace sonreír lágrimas de tristeza.

En su gran departamento parisino y al son de la voz rocosa y cálida de Nina Simone cantando en loop Mr. Bojangles, una pareja baila todo el día bajo la atenta mirada -con mezcla de encanto y asombro de su hijo. Ese es el escenario de un mundo aparte, exótico y extravagante, en el que un ave de cuello largo sirve de mascota, en el que el piso en damero hace de tablero para partidas de damas gigantes, en el que la madre recibe un nombre diferente cada día, en el que el correo, esas noticias que llegan del mundo exterior sin que nadie las pida, se acumula en un pasillo y sirve de colchón mullido para los juegos infantiles y, finalmente, un mundo en el que la fantasía ocupa un lugar muy particular. Porque, como bien señala la frase inicial en epígrafe, esta novela está hecha de mentiras al derecho y de mentiras al revés: el niño miente al revés en la escuela y se inventa una vida común para esconder la excentricidad de su hogar y miente al derecho en su casa cuando frente al relato de los días aburridos de la rutina escolar, la madre le pide que invente. Todo ese mundo exótico se sostiene sobre un pacto de mentiras y de fantasías que no dañan y crean ese caos alegre.

Pero el día en que la realidad bajo la forma de un cobrador de impuestos toca a la puerta la fantasía se transforma. Los padres que desde el comienzo de sus vidas y de la novela transitaban esa delgada línea entre la fantasía y la locura ese mismo día deslizan hacia un lado y el otro y el padre que siempre había sido el metteur en scène de la locura de su mujer y, según sus propias palabras, el encargado de proporcionarle los medios para vivir su locura sin preocuparse de nada más a partir de entonces se ve obligado a poner en escena otra cosa para evitarle tormentos. Esta novela entonces que empieza entre la frivolidad del baile, las cenas, las recepciones, los cocteles, las escenas fuera de toda convención social y la extravagancia, de pronto comienza a revelarse como lo que verdaderamente es: una novela sensible, intensa y profunda sobre el amor, la locura, sobre los mundos que se derrumban y sobre las decisiones que cada uno ha tomado y debe tomar en la vida.
Si van a leer una novela, que sea esta, la historia de amor de dos delirantes que arrastran en 
en su sin sentido una verdad inmensa: cada minuto vale.

Texto: Lucía Vogelfang
Foto: Dominique Besanson