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La casa es una naturaleza mutante

Una fotografía es un secreto sobre un secreto, cuanto más te cuenta menos sabes, dijo una vez Diane Arbus. Las imágenes que construye Walter Barrios podrían ilustrar esa poderosa frase: los enigmáticos espacios que le dan forma al universo del fotógrafo marplatense nos convierten en una máquina de hacer preguntas.

En su serie Femenino, una planta puede nacer en el piso de cerámicos mientras otra se mete en una habitación, sacando parte de su esqueleto verde por las hendiduras de una persiana. El suelo de un patio ficticio exhibe pinceladas de jabón alrededor de toda su piel, como si alguien hubiera comenzado a lavar esos azulejos en algún momento. Una acción detenida, que puede ser completada de un instante a otro. La fuerte incertidumbre de que esa persona puede irrumpir en ese lugar en menos de lo que dura un parpadeo. La certeza de que en una segunda mirada se hará presente, o el piso por fin estará seco.

Telas que parecen estar vivas, y ventanas que parecen estar dormidas. Descansando de su función. Las puertas se vuelven gigantes cuando se encuentran cerradas, como si las cerraduras vomitaran monstruos invisibles que crecen a través de nuestras pupilas. Y también hay puertas entreabiertas, aquellas que en vez de develar un misterio lo multiplican: un portal a otra dimensión.

Maia Debowicz

Walter Barrios dicta desde el 2009 clínicas de obra para fotógrafos que estén en la búsqueda del próximo paso en el marco de su Salto Luz, Taller de Fotografía y Lenguaje Visual en su ciudad natal. Por primera vez en Buenos Aires y luego de haber ganado hace pocas semanas el premio Itaú, impartirá un intensivo taller de producción el 23 y 24 de junio en el estudio de Diario del Viajero. Para más información deberán escribir a walterbarriosart@hotmail.com.