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La esclavitud de la ignorancia

Cuando el hombre no es criterioso se torna vulnerable y propenso
a una encubierta dependencia
de los manejos ajenos.
C.B

Un mecanismo que no emplean los psicólogos y a veces los docentes lo olvidan, es buscar en la historia de la humanidad la torpeza en la que los protagonistas son recurrentes al decidir sobre destinos o situaciones que atañen al mundo. Demasiados fracasados y algunos pocos exitosos no se han manejado con la suficiente prudencia y responsabilidad, afectando de esta manera a sus contemporáneos, e incluso a los descendientes.

La estupidez humana es imprescriptible, porque se renueva constantemente en nuevos personajes y en modernos y diferentes mecanismos e instrumentos, que se usan para destruir seres, bienes e ideas.

El estudio de la historia, si no transmite una aceptable experiencia humana, funciona como un simple catálogo de episodios archivados por fecha. La docencia debe ser decente, sino es traicionera. A través de un falso show, el periodismo puede transformar lo que tendría que ser una buena e instructiva información masiva, en una corrosiva y generalizada indecencia.

La falsedad de los contenidos no es el único escollo con el cual tropezamos. La pluralidad informativa se ha transformado en una moderna hipercomunicación y puede llevarnos tanto a un voluminoso atoramiento, como al hiperengaño producido por conocimientos falsos o inauténticos. Es así como el poder, cualquiera sea el medio empleado, falsea la realidad restándole autenticidad.

La desconfianza nos puede llevar a ser cautos pero no amargados, prudentes, pero no inoperantes, atentos y en guardia, sin caer en miedos que llevan al pánico.

Saber avanzar concientemente y aprender a retroceder sin huir son lecciones de vida válidas no sólo en la guerra declarada sino también en los momentos en que transita la paz.

También la carencia o la mala información, hacen que cada uno de nosotros tomemos decisiones en forma azarosa. Así la falta de autocrítica nos puede acostumbrar a jugar cotidianamente nuestro destino y el de aquellos que dependen de nosotros.

La ignorancia o la práctica timbera nos hacen perder la auténtica libertad de elegir determinaciones prudentes y viables. En el comercio hay vendedores que no entregan sus productos y servicios con la calidad pactada o en el tiempo requerido. En la información ocurre lo mismo, pero el daño puede ser insensible en apariencia pero destructivo a largo plazo.

El ideal de la democracia republicana deja de funcionar si los ciudadanos que la integran desconocen la realidad cotidiana, y las tendencias que se proyectan. En ese caso todos nos convertimos en esclavos de nuestra ignorancia y finalmente inconscientemente dependientes de quienes nos engañan de manera permanente o alternativa. Prudencia no es parálisis sino accionar inteligente, corrigiendo debilidades.

Ser realista es intentar tocar sólo lo tangible…

Carlos Besanson

Publicado en el Diario del Viajero n° 973, del 21 de diciembre de 2016