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La generación perdida o la degeneración hallada

Los derechos humanos no se protegen matando gente. Tampoco destruyendo su hábitat. El mundo se está llenando de gente que aún no aprendió a convivir respetuosamente. No aceptemos que el error ajeno nos lleve a un terror propio.

Hay un momento realmente tenso en el periodismo escrito, que es cuando todas las páginas ya están preparadas para ir a impresión, y ocurre un hecho nuevo que lleva a pronunciar la dramática frase: Paren las máquinas. Recomponer textos, y acomodar contenidos, en una lucha contra el tiempo, es parte de las tensiones propias de un periodismo responsable que tiene que hacer lugar a esa información importante.

El derecho a la vida de toda persona, no puede quedar supeditado al sentimiento de venganza, o de resentimiento, de quienes se sienten agraviados. Episodios como los que estamos comenzando a vivir, a raíz de acciones sanguinarias, muestran que la llamada civilización no puede estar fundada exclusivamente en los adelantos tecnológicos.

Si el hombre no ha madurado en sus responsabilidades y deberes, todo lo que se diga en materia de respeto de derechos ajenos, está condicionado por apetencias, que pueden llevar a actos de barbarie. Muchos estudiosos consideran que el mundo ha entrado en una nueva edad, pero ¿sobre qué bases se funda ese nuevo período de historia? No es precisamente sobre la seguridad y la solidaridad. Lamentablemente la desorientación de muchos, busca justificarse en el logro de la desorientación de todos.

La sustitución de ideas e ideales, por esquemas fanáticos no alimenta adecuadamente el sentido de justicia, al que todos debemos aspirar en defensa de nuestros hijos. Todo individuo fanatizado termina segregándose de hecho de su familia, para integrarse totalmente al grupo que lo adoctrina en la violencia.

El heroísmo de aquel que se autoinmola en un acto de terrorismo, es algo de muy corta duración. Generalmente son jóvenes que no renuncian a nada, porque nada tienen, para lograr el reconocimiento de un pequeño grupo de iniciados.

Por eso quienes trabajamos en la comunicación periodística debemos destacar el otro heroísmo, el silencioso, de quienes sufren las consecuencias de los actos de barbarie, aunque en los mismos se empleen elementos de tecnología desarrollada. Porque son tan homicidas los que usan métodos primarios, como aquellos que se valen de otros instrumentos más avanzados.

Quienes hemos sido testigos, por razones de edad, de muchas guerras en el mundo, locales e internacionales, sabemos que no debemos ceder frente a hechos consumados, porque la flaqueza en las actitudes pasivas envalentonan a los fanáticos prepotentes. De otra manera tendremos una nueva generación perdida y hallaremos un futuro degenerado, en sus objetivos y sus ideales.

Carlos Besanson

Publicado en el Diario del Viajero no 750, del 12 de setiembre de 2001