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La justa proporción

Las tensiones sociales que se generan en ciertos momentos de crisis, reflejan en el fondo la sumatoria de tensiones individuales que viven los integrantes de un sector de un país, o de los componentes de algunos segmentos geográficos o de actividades afines. No hay duda que la sumatoria de frustraciones personales se reflejan, con mayor o menor rapidez en los niveles de espectativa, de fracasos o esperanzas de una población.

¿En qué momento se define con claridad cuándo existe real conducción en la definición de estrategias de objetivos aceptables y posibles? Será en el momento en que todos se mueven hacia esos objetivos. Sino, estaremos hablando de meros planeamientos, posiblemente importantes, pero no necesariamente convocantes y viables.

Las crisis económicas son como algunos tipos de enfermedades, en que el organismo, si está debidamente fortalecido por conductas sanas, las resiste sin daños mayores, y finalmente genera los anticuerpos que ayudan a preservarse de nuevas infecciones de similar procedencia. Pero si no existe preparación adecuada los daños pueden perdurar y la rehabilitación será larga y costosa. ¡Una misma infección pero dos consecuencias diferentes!

¿Cuál es el grado de solidez que cada uno de nosotros tiene frente a las convulsiones de una crisis? El estar bien informado implica la posibilidad de un diagnóstico correcto en cada caso. La asistencia de profesionales honestos y capacitados pueden ayudar a ese diagnóstico y tratamiento ulterior. Pero jamás nos va a curar el miedo, ni la irritación incontenida contra la enfermedad o contra sus agentes transmisores. La tendencia mundial que señala un incremento grave en la desocupación laboral, está fundada en un crecimiento abultado de la población, sin que ese dimensiona

miento esté acompañado por la creación de igual cantidad de puestos de trabajo. Muchos capitales productivos se han derivado hacia la especulación, y por ende no han apuntalado la gestación de nuevas fuentes laborales. Una provocada confusión hace pensar que ciertos juegos de Bolsa sirven para capitalizar empresas; lamentablemente en demasiados casos no es así. Las subas y bajas de las cotizaciones son meras muestras de temperaturas que no alcanzan a definir diagnósticos serios. Los empresarios que han dejado de reinvertir han caído en obsolecencias funcionales o de equipamiento. Los funcionarios y empleados que no se han reconvertido son ejemplos de un pasado, pero no gestores de un presente, y menos actores del futuro. Es inútil echar toda culpa a las distintas políticas alternativas que sufren las naciones en sus marchas y contramarchas. Parte de la responsabilidad corresponde a cada uno de los representantes de los grupos familiares, es decir el padre, la madre y los hijos que son los mandantes-mandatarios de esa enorme cantidad de naciones denominadas familias. También a ellos les corresponde tomar decisiones estratégicas y simultáneamente operativas para crecer en dignidad y calidad de vida. Pensar en lo contrario es volver a caer en épocas feudales o de total absolutismo en que el Señor era el amo de vidas y destinos. Hacer cada uno de nosotros en la justa medida es la forma de impulsar la equidad en los demás. Las crisis matan a los descuidados. Muchos de ellos recurren infructuosamente a curanderos y manosantas que sólo los engañan con sus distracciones.

Carlos Besanson

Publicado en el Diario del Viajero n° 666 del 2 de febrero de 2000