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La mayor gloria es la paz

Algunos en política ponderan
más los desaciertos ajenos
que los aciertos propios.
C.B

Aceptar lo menos sin caer en el estado de necesidad no significa tolerar la mala distribución según los méritos reales de cada uno. Los contratiempos se miden contra el tiempo de las fechas electorales Desde pequeños nos hablaban de uniformados capaces de dar su vida por la patria. Sin embargo en todas partes del mundo la historia nos muestra como muchos de ellos han quitado vidas por otros factores, muchas veces económicos, o de apetencia personal, que disimulaban detrás de textos y discursos.

Episodios vergonzantes, transcriptos circunstancialmente como exitosos, fueron registrándose en capítulos de una historia universal que alguna vez hemos leído, o fueron reflejados en los últimos doscientos años en medios de comunicación informativos, aunque no siempre formativos.

Si morir por la Patria puede llegar a ser glorioso, vivir con la Patria es muy positivo, y vivir de la Patria es nefasto para los conciudadanos que tienen emergentes aprovechadores mimetizados.

Un país crece en la medida que sepa construirse sobre bases sólidas y realistas que fomenten constantes creaciones laborales que permitan un ingreso justo y equitativo, conjuntamente con una formación y capacitación integral.

La mala praxis en medicina perjudica a los pacientes… en política a los impacientes. Las promesas políticas se convierten en falsas si nos quedamos en aspiraciones que no son parcialmente viables a corto o mediano plazo.

El éxito de ocupar el poder no siempre implica la gloria de gobernar con honestidad y eficiencia.
P
ermitir y tolerar los fraudes, o silenciarlos, es una forma de complicidad que perturba a una sociedad que tiene que buscar cotidianamente la justicia, para que ésta sea estable en los logros. Nuestros hijos necesitan de nuestro buen ejemplo cotidiano, que impida que seamos constantes damnificados, para transformarnos con nuestro accionar en justos ciudadanos que no aceptan silenciar los fraudes impunes, sean públicos o privados Así como se considera que los delitos de lesa humanidad son imprescriptibles, también los fraudes en el manejo de los fondos públicos deben serlo, o sino como propuse hace tiempo en una nota editorial
(DV n° 587) que la prescripción recién empieza a correr cuando los partícipes, o sospechosos de cohecho, dejan de tener cargos públicos. La mayor gloria es la Paz, no de los que se rinden, sino de los que entienden cual es el punto justo de sus pretensiones y apetencias, aceptables por los demás.

Carlos Besanson

Publicado en el Diario del Viajero n° 1071, del 7 de noviembre de 2007