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La mejor basura…

Las grandes aglomeraciones humanas y el desperdicio de riqueza que genera el consumismo, alentado por una publicidad muchas veces mal orientada, provocan una súper abundancia de desechos de difícil colocación y reciclado.

Esa conjunción inhumana de gente, que va perdiendo su sentido individual para quedar registrada como un elemento más de la estadística, también produce desechos antisociales que perjudican al todo. En la medida en que la escala de valores se mida fundamentalmente en volumen de gasto, confundiendo el mismo con bienestar, corremos el riesgo de que el consumismo se transforme de una epidémica moda en una endemia crónica. Si el tener es el símbolo del ser, según muchas fotografías y textos periodísticos de mera información de actividades sociales, estamos enseñando malamente la búsqueda posesiva de volúmenes de objetos y servicios que den la sensación de crecimiento personal a través de la acumulación.

Esa tendenciosa escala de valores, medida monetariamente, termina justificando de hecho cualquier medio o forma de apropiación, sin discriminar en la ética personal y en el compromiso social.

En estas circunstancias la palabra se hace verso, pero en sí no tiene nada de poesía porque cumple la función de trampa. El honor tiene el regusto de un vino viejo mal conservado. El valor se transforma en caradurez. El arrojo en desparpajo. La honestidad en máscara. El estilo en triquiñuela.

En una sociedad en crisis, los hombres con poder a cualquier costa actúan igual que ciertas prostitutas, que se visten en forma inconfundible para que todos sepan que hay un precio. También como ellas, dicen a todos que son sanos para lograr una mejor confianza en su potencial clientela.

¿Pero qué es el poder? Aparentemente podría confundirse como sinónimo de fuerza. Sin embargo ese concepto puede ser incompleto si se lo relaciona equivocadamente.

Por ejemplo: no hay dudas de que un elefante o un león tienen más fuerza que el hombre; no obstante ello todos sabemos que hay muchos zoológicos que exhiben leones y elefantes capturados por hombres, y no a la inversa. Es decir que la fuerza bruta no basta, hace falta una fuerza intelectual que capacita un mejor dominio de la naturaleza y de sus componentes. Pero la fuerza intelectual dentro de un contexto social determinado no alcanza si no es acompañada por las fuerzas morales apropiadas. Si no la ley de la selva, esa que en los zoológicos está debidamente controlada, invade y destruye el equilibrio de la sociedad.

El engaño o ardid es la manera de matar la fe pública que generalmente consiste en ocultar a los demás los objetivos personales disfrazándolos de forma tal que parezcan distintos y diferentes. Me atrevo a decir que los juegos de palabras se convierten en insultos a la inteligencia colectiva, y afrentan a los damnificados que integran y componen el pueblo. Ciertos personajes notorios podrán izar cotidianamente la Bandera Nacional o cantar el Himno, pero en realidad impulsan la degeneración de las funciones del Estado, erosionan la Nación, y la enferman con su conducta.

Nada se crea, todo se transforma, decía Lavoissier, refiriéndose a las transformaciones de la química y la biología. También en el tejido social se generan cambios que expulsan a los elementos que la agreden, y que con el tiempo, lo mismo que el compost en agricultura pueden ser útil como fertilizante, en la medida en que esa basura sea aireada y llevada a las temperaturas correctas para que se convierta en una materia inerte y aprovechable, y eso se da cuando la misma pierde su mal olor. No hay duda de que al paso que vamos pronto tendremos en abundancia la mejor basura. Depende de la inteligencia y no de la fuerza convertir esta basura en nutriente.

Carlos Besanson


Publicado en el Diario del Viajero 495, del 23 de octubre de 1996