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Laberinto de espejos

El saber no ocupa lugar… pero curiosamente hay que darle espacio y oportunidades. Hoy las opciones de aprender son amplias, aún las personas no escolarizadas tienen a su alcance diferentes estímulos para hacerlo. Muchas cosas enseñan, por eso se habla de la universidad de la calle, haciendo gala de una experiencia que los claustros no otorgan.

Pero esas espontáneas cátedras de la vida, no siempre tienen un maestro que las conduzcan y más de una vez no se aprueba el examen. Aún así, la reflexión y el análisis sobre lo sucedido, pueden lograr un buen promedio que ayude para nuevas decisiones.

En ese aprendizaje caótico que es vivir, compartimos mensajes de otros que insensiblemente van incorporándose a maneras de ser o de opinar. La televisión, por ejemplo es como un gran pizarrón, una pantalla vestida de estudiados colores y gestos, que da lugar a expresiones que muchas veces no resisten el filtro del sentido común del televidente. Es como una pizarra abierta, con muchas horas de palabras y locuciones desmembradas que no logran armar en su mayoría, un contenido residual de conocimientos.

La televisión pierde ocasiones frente a una inmensa clase de espectadores, que podrían aprender algo más. Y notoriamente se evidencia que en ese, aún entretenido laberinto de espejos, faltó el maestro. Los devoran los de afuera… Quien reconoce esta frase entiende que estamos hablando del concepto de pelea entre hermanos. No en una acepción fraticida sino evitando que ello suceda.

Es tal la desvirtuación del lenguaje, sumado a la saturación y banalidad en el uso del mismo, que hermosas palabras como hermano pierden su gran sentido. Desde su concepción es un término que no fue supeditado a que se afirmara si era, con eufemismo, grande o pequeño.

Es hermano. Y más allá del vínculo sanguíneo, se lo aplica a quien ocupa un lugar muy cerca y similar al único o irremplazable que es el de los padres.

Es hermano, quien comparte la vida de uno y no necesariamente haya precedido (continuado) o tomado la posta en el cálido útero materno.

Es hermano quien realiza actos de arrojo y nos salva y no necesariamente de un naufragio o incendio.
Es hermano quien puede conducirnos con ejemplares actitudes para ser emuladas. Es hermano sinónimo de amigo, cuando consideramos a éste el elegido de nuestros afectos sin lazos familiares.

Puede serlo quien abraza la paternidad en sus actos, aún sin tener hijos.
Lo es quien comparte una historia común y la testimonia con aquellos que lo acompañaron, estableciendo así nuevos capítulos de esa historia afectiva.

Es hermano el que habla un idioma que es comunicación pura, aún cuando lo haga de diferentes formas porque es precisamente, hermano, el más cercano.

Ni la clonación impediría que cada hermano sea único como lo es la palabra.
Tan grande es la palabra hermano en su significado, que suena como insulto que algunos se atrevan a usarla sin entenderla, aplicándola torpemente.

Elizabeth Tuma

Publicado en el Diario del Viajero n° 1045, del 9 de mayo de 2007