Blog

Ladrones de tiempo

Quienes categorizan como ladrones a aquellos dedicados a hurtarnos o robarnosobjetosqueintegrannuestropatrimonio, olvidan o ignoran que existen otros que nos quitan un elemento precioso en nuestra vida: el tiempo. Los bienes patrimoniales se pueden llegar a recuperar, a recomponer, o acrecentar, según la mayor o menor capacidad que tengamos para actuar. Es decir que la riqueza puede funcionar como si fuera el fuelle de un bandoneón, estirándose o comprimiéndose conforme sea manejado. ¡Pero el tiempo! Ese solamente nos puede dar experiencia en la medida en que la autocrítica funcione.

Si hay momentos en que llegamos a fastidiarnos con aquellos que arbitrariamente nos roban lapsos de nuestra vida, como si fuera una sensible erosión de nuestra capacidad de hacer, ¿qué podemos pensar de aquellos que le roban el tiempo a toda la sociedad? Porque es robar el tiempo, discutir lo que nadie ya discute, estudiar lo que ya debería saberse, comenzar a documentarse con lo que ya está archivado, analizar nuevamente aquello cuyo resultado definitivo ya se conoce.

Esos ladrones de tiempo necesitan imprescindiblemente del silencio. Cualquier eco que amplíe y divulgue sus ineptitudes, contradicciones o incoherencias, los delataría. Por eso necesitan una prensa complaciente o una prensa inexistente.

La prensa libre e independiente molesta a estos rapaces individuos que buscan,atravésdeanacrónicasposturas, embretarla en la autocensura mediante amagos de creación de normas regimentarias.

La buena prensa debe tener autocrítica, pero rechaza todo aquello que la coarte en sus responsabilidades sociales. La búsqueda de la verdad es una tarea cotidiana y dificil. Son los lectores los jueces permanentes de esta búsqueda. Su sanción es lapidaria y significa para el medio condenado la pérdida de vigencia como instrumento de comunicación. La buena prensa no admite ninguna otra forma de discriminación, porque se escribe para satisfacción del lector y no de los funcionarios de turno que sueñan con agregar más privilegios a su vida y a su jubilación.

La buena prensa no será cómplice con su silencio de quienes roban el tiempo a nuestra sociedad, ni de quienes con su accionar nos retienen en el atraso, e ignoran algunos de aquellos preceptos constitucionales que nos proyectaron hacia el futuro.

El derecho del ciudadano a la información comienza en su libre elección del medio informativo, sin que poder alguno esté investido de atribuciones legales constitucionales para interponerse entre el lector y su periódico.

Carlos Besanson

Publicado en el Diario del Viajero No 178 del 26 de setiembre de 1990