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Las bases de la ciudadanía

Los que quieren ser libres deben saber una cosa y es que todo pueblo que no aprende y adquiere por sí mismo la inteligencia y práctica del gobierno de sí propio, no debe esperar jamás a que el depositario de ese gobierno sea el que le enseñe a no necesitar de él. Baste saber que educar el pueblo en la libertad, es equivalente a devolverle su poder. La educación política, es decir, la costumbre inteligente de ejercer el poder, es la verdadera y sola libertad. Así en los países libres, la educación pública es una parte de la soberanía cuyo ejercicio no se delega ni saca de las manos del pueblo. Como la prensa, la educación es una garantía que el país se reserva contra la propensión natural de los delegados de su poder, a convertirse en dueños del poder ajeno, que les está delegado, siempre que el dueño verdadero no le pone obstáculo.

Juan Bautista Alberdi

Ese texto, pese a tener más de un siglo de antigüedad tiene la vigencia que le da quien tiene la visión del estadista y la honestidad en los propósitos. Quien lo escribió nos dio las Bases para una Constitución que nos permitió crecer como país y como Nación.

Por algo Alberdi habla de la necesidad de dos factores para que la democracia se dé en plenitud. La educación es uno de ellos, sin la cual el individuo no adquiere la preparación adecuada para el discernimiento. La información imprescindible para que la decisión sea conveniente en función de los constantes factores cambiantes en la sociedad que se mueve simultáneamente en diferentes planos, sean estos económicos, éticos, jurídicos o tecnológicos. Cuando Alberdi nos advierte del peligro latente que se puede dar en los gobernantes, que son meros delegados del poder y que

tienden a apoderarse del poder ajeno visualiza la naturaleza del hombre en dos posiciones peligrosas: la de una ciudadanía que por comodidad no se ejercita cotidianamente, y la de mandatarios que actúan traicionando a sus mandantes en función de falsas promesas y fraudulentas ejecuciones.

La prensa, que menciona el autor citado, es el factor que puede despertar la modorra ciudadana y descalabrar las maniobras de los que conspiran en las tinieblas.

Hace muy poco un colega en la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas mencionó que tan aberrante es la explotación laboral del hombre, como la carencia sin esperanzas de tener trabajo. La tecnología de la operación de maquinarias en forma robotizada es a mi entender sumamente plausible. Lo que es absurdo es pretender convertir al hombre en un robot. Los que están en esa posición son los mismos que no se esmeran en dar educación e información al pueblo en general. Les basta preparar intelectualmente a unos pocos para que conduzcan a las nuevas masas de segregados, que lo serán ahora no por carecer de títulos de nobleza, sino por no tener títulos universitarios, a los cuales no han tenido fácil acceso por falta de oportunidad.

La democracia se basa en la libertad de opciones, y las opciones deben ser similares para todos los que quieran aceptar el esfuerzo y el riesgo de las mismas. Excluir a priori a grupos humanos es ejercer soto voce una dictadura encubierta. Negarles educación para el trabajo e información para la decisión es negarles igualdad. Es convertir a la Tierra en un inmenso campo de concentración de humanos, que están pero que no la habitan inteligentemente con justicia.

Carlos Besanson

Publicado en Diario del Viajero no 531 del 2 de julio de 1997