Blog

portada-editorial-web

Las tintorerías financieras

La crisis recesiva mundial, que en algunos países ya tiene varios años de gestación, implica consecuencias preocupantes para todos. Hay quienes sostienen que toda crisis implica nuevas oportunidades, pero no siempre éstas son constructivas.

Todo deudor pierde parte de su libertad, y este concepto se aplica tanto a las personas, como a las instituciones civiles y comerciales. También los países deudores pierden algo, o mucho, de su soberanía e independencia. Quienes creyeron que su capacidad negociadora era importante en la gestión de créditos, trabajaron torpemente sin apreciar que un incrementado riesgo de insolvencia va aislando a las personas, o a las naciones, de inversiones generadoras de eficientes nuevos trabajos.

Algunos pueden preguntarse ¿cómo se generan los enormes volúmenes de dinero que se mueven a gran velocidad por los circuitos financieros de todo el mundo?, es decir ¿de dónde sale la plata?

La lectura de los libros de historia de la humanidad permite el constante acceso a hechos y episodios en la que se observa que toda conquista territorial generaba la búsqueda de riqueza que pudiera transportarse con cierta facilidad al territorio del conquistador. El oro, la plata, las piedras preciosas, o las especias, fueron algunos de los ejemplos simbólicos de esa captación de bienes disponibles. Los antiguos mercados en los pueblos y ciudades eran el centro de comercialización y de intercambio de bienes, al principio a través del trueque, poco a poco con la generación de monedas y vales impresos que cumplían la función de dinero. En esos sitios aparecieron los financistas que emitían las llamadas letras de cambio, que podían ser aceptadas en otras ciudades, si quien las emitía era reconocido en su solvencia.

Estos financistas emisores se sentaban en los antiguos mercados en bancos, o asientos, que les estaban reservados a ellos, de la misma manera que los que vendían mercadería tenían su sitio propio en esas ferias. Cuando el financista caía en insolvencia, y por lo tanto perdía credibilidad, su banco era roto. De ahí viene el término banca rota, modernamente señalada como quiebra.

Cuando las comunicaciones fueron mejorando, también mejoraron los financistas sus instalaciones. La banca se transformó en Banco, y la circulación de los valores adquirió una mayor velocidad y anonimato, sobre todo en lo que se refiere al origen del dinero y a la real titularidad del mismo.

El manejo masivo del dinero ajeno permitió un imponente crecimiento de ese tipo de actividad, que en la medida que estuviera correctamente regenteada cumple una función importante en la sociedad moderna. Lamentablemente los paraísos fiscales, y los secretos de identidad permitieron que la corrupción y la actividad delictiva tuvieran refugio en muchas instituciones conocidas.

El denominado vaciamiento de empresas productivas también tuvo su equivalente en el vaciamiento de Bancos, que licuaron los ahorros de los depositantes y de todos aquellos que creyeron en un futuro tranquilo si aceptaban la custodia y reinversión de sus fondos. La concepción publicitaria de gaste ahora pague después de muchos prestamistas restó responsabilidad consciente al consumidor, dando un mal ejemplo de vida.

Los Bancos serán creíbles y confiables cuando dejen de ser, en muchos casos, las tintorerías financieras del dinero malhabido.

Carlos Besanson

Publicado en el Diario del Viajero n° 828, del 12 de marzo de 2003