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Las verdades a medias…

Los futuros historiadores de la política estadounidense bucearán en los archivos periodísticos buscando documentar episodios significativos de su desarrollo político y económico.

Dentro de los hechos que repercutieron a su hora en la vida ciudadana, la caída del presidente Richard Nixon fue un ejemplo de cómo, alguien que tenía cierta aceptación, por la manera en que había encarado la solución negociada de graves conflictos internacionales, como lo fue en su momento la guerra en Vietnam, perdía en el frente interno.

El caso del espionaje político sobre sus oponentes desarrollado en el edificio Watergate, conmocionó durante mucho tiempo la imagen presidencial y su capacidad de maniobra en las funciones específicas para la cual había sido reelecto.

No se considera que el republicano Nixon haya participado originalmente de la artera maniobra destinada a descubrir planes tácticos y financiaciones discutibles del partido Demócrata. Pero la investigación de ese caso, por parte de un juez independiente, permitió esclarecer maniobras de encubrimiento que fueron apañadas o toleradas por el presidente en ejercicio.

La prensa tuvo un papel importante en el seguimiento del affaire que ya no pudo negociarse o taparse. Volvió a repetir en este caso su función esclarecedora que se dio unos años antes en los famosos papeles del Pentágono, en la cual mostró la existencia de conductas conspirativas y engañosas destinadas a incrementar el esfuerzo y gasto bélico, y por lo tanto el armamentismo aplicado al Lejano Oriente. Recuerdo que en ese entonces me llamaron la atención ciertos errores cometidos por Nixon en sus declaraciones, que eran rebatidos por pruebas que se acumulaban en su contra. Me preguntaba ¿cómo es posible que teniendo el Presidente el título de abogado se equivoque en el desarrollo de la prueba de esa manera? El estudio de sus antecedentes me permitió descubrir que fue poco el tiempo que estuvo en el ejercicio pleno de esa profesión.

Han pasado muchos años y un Watergate diferente en sus características originales ha sacudido a otro Presidente americano, en este caso con distinto signo político. Sin embargo también el funcionario objetado cursó estudios universitarios y egresó como abogado. En ambas situaciones la presión de la sociedad se basa fundamentalmente en la juramentada negación por parte de los implicados de episodios cuya existencia aparece como probable, y de viable prueba Cuando un funcionario de primer nivel miente públicamente, toda la estructura política sobre la cual se apoya entra en convulsión. La credibilidad desaparece y la desconfianza emerge en la sociedad ¿Cuándo un hombre importante comienza a mentir, y cuándo deja de hacerlo? El liderazgo de un hombre mentiroso se pierde en donde se descubre la falsía. Largos meses de pruebas darán incertidumbre a la conducción circunstancial, pero la afirmación de la verdad otorgará siempre seguridad en el futuro de una sociedad. La autocrítica sobre los malos ejemplos permiten correcciones positivas. La falsa negación sólo conduce a posiciones enfermizas que pueden llegar a ser crónicas dentro de la sociedad. Los conductores deben tener conducta, pública y privada

Carlos Besanson

Conceptos ya publicados en el Diario del Viajero n° 563 del 11 de febrero de 1998