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Los años venerables

Como las aguas del río buscan su curso, la vida busca el suyo. No hay misterios para la admirada longevidad como tampoco hay fórmulas absolutas. Tal vez aceptables sugerencias que mejoran la calidad de vida de cualquier ser humano, independientemente de la hoy conocida e incuestionable carga genética. Pero no hay dudas que la vida busca a la vida. Y quien le plantea continuidad podrá tener ventajas en situaciones difíciles.

Los afectos, conocidos desde el inicio, o por el contrario la ausencia de los mismos, juegan un papel preponderante en la consecución de los venerables años. El encadenamiento positivo que provoca un respaldo afectivo, es como la red que protege a los trapecistas.

La mayoría de las personas llegan a conocer su mundo interior y por ello direccionarlo. ¿Pero qué pasa con la realidad externa cuando no se interpreta y por ende no se puede manejar? ¿Qué pasa cuando ésta es tan agresiva que interfiere gravemente en la salud mental y física de los seres humanos que deben soportarla? ¿Qué mecanismos se deben adoptar? Según José Luis Descalzo -sacerdote y periodista español-…Es difícil envejecer en un mundo como el nuestro. Es incluso difícil el haber dejado de ser joven. Porque hoy los ídolos son la velocidad, la lucha, la fuerza, el nervio. Una verdad dicha serena y apagadamente casi parece una mentira. Una mentira voceada con juventud y brío se toma casi por una verdad. Los hombres de hoy preferirían con mucho el infierno al limbo de los niños o el de los ancianos. Este mundo ha endiosado a la juventud no por lo que tenga de verdadera o de justa, sino por lo que tiene de juvenil…

Lo que hay que esperar de un adulto o de un viejo -afirma este autor en un clarísimo texto es que sean fieles a su adultez o a su ancianidad… Que acepten el goce de sus frutos y no se pasen la vida envidiando a las flores y menos aún que se dediquen a condenar a una primavera que envidian en nombre de un verano o un otoño que no se resignan a vivir… Cicerón decía que no por viejo se es más bueno. Pero sin ponernos en sus sandalias, es cierto que virtudes y defectos traspasan el cedazo del tiempo vivido. Así se va definiendo finalmente el rostro bondadoso, resignado o agrio, que acompañará como máscara hasta el ocaso a quien lo porte.

Y… cuando pensamos que manejamos la vida, ella se encarga de demostrarnos que no es así, pues nuestra historia personal no es estática. Fluye, nos lleva, a veces nos arrastra y otras nos inmoviliza. Tan viva está, que si permanecemos atentos podremos zambullirnos en ella y aprovechar, como en las afirmadas y exitosas obras de teatro, repitiendo la escena más aplaudida una y otra vez, guardando energía para lo que vendrá y nos pondrá temerosos e ingenuos aunque tengamos muchos cumpleaños encima. Aunque la vejez no siempre apareja el paso con la sabiduría, es de sabios igualmente, considerar y reconocer que lo que atesoramos dentro nuestro, unido a la conducta que hemos tenido y cómo nos mostramos a los demás tienen una cita. Y ese encuentro, como un acorde bien afinado, será la armonía que nos acompañará en la vida. Sin embargo, si se persevera en actitudes que no contemplen que el espíritu puede ganarle a los años, estaremos ayudando a que a nuestros mayores no les de pena irse de este mundo.

Elizabeth Tuma

Publicado en el Diario del Viajero n° 1036, del 7 de marzo de 2007