Blog

portada-editorial-web

Los cambios y los vueltos

El estallido de un nuevo escándalo internacional, por el mal manejo de fondos en grandes empresas, ha vuelto a restar seguridad en aquellos que intermedian con dineros ajenos.

Quienes creen que la viveza es solamente criolla ignoran que la corrupción empresaria acompaña e incentiva la corrupción política, y en esos casos no es meramente ocasional sino sincronizada. Muchos recuerdan la época no muy lejana en que el endeudamiento, personal y empresario, formaba parte de una política generalizada en la cual era importante quien tenía créditos sin límites. El concepto de gaste ahora y pague después fue alentado especulativamente por todos los bancos y financieras del país, que degeneraron y mal educaron las diversas tomas de decisión de cada uno. Tengamos presente cómo el pequeño y mediano empresario conseguía créditos que en parte eran empleados para comprar la casa de fin de semana, la de veraneo y un par de autos adicionales para su grupo familiar. Todo esto multiplicado por dos o tres, según la cantidad de socios que tuviera la empresa.

Los gerentes de bancos se cubrían con las garantías que dichos bienes otorgaban como respaldo de los préstamos obtenidos. Pero había un dato fundamental que no era tenido en cuenta: ese dinero no estaba destinado a inversión productiva, sino a reflejar un estatus de vida que se convertía, sin darse cuenta, en más gastos y no en inversión generadora de eficiencia.

Muchas veces sugerí a instituciones bancarias, que publicitariamente alegaban su función de apoyo a las pequeñas y medianas empresas, que dictaran breves seminarios para clientes, de cómo aprender a bajar costos para afirmarse y crecer. Pero a los prestamistas, oficiales u oficiosos, no les interesa que se gaste menos sino que se incremente el volumen de dinero en movimiento, sin ponderar adecuadamente el manejo de los mismos. El tiempo demostró la lógica de mi planteo. No solamente cayeron empresas deudoras, sino también bancos acreedores, que no supieron ni quisieron preservar a sus clientes.

No es simplemente el tamaño de una empresa lo que marca su futuro, sino su real solidez en materia de productividad, concepto que difiere del de volumen de producción, tanto de bienes como de servicios.

Una marca puede ser conocida y hasta famosa, pero en la medida que no tenga un sustento aggiornado, se convierte en un recuerdo.

Las deformaciones de todo crecimiento desproporcionado convierte en vulnerables a los hombres, las empresas y los países. Quién debe dinero pierde su libertad, es un concepto que repito constantemente. El deudor siempre tiene condicionamientos, expresos o subjetivos, que pueden llegar a desorientarlo o paralizarlo. Creer que los préstamos siempre facilitan el crecimiento es confiarse en el corto plazo sin medir la capacidad y resistencia para el largo plazo.

Los prestamistas cuando alientan los falsos cambios tienden a convertirse, mientras esperan el vuelto, en antropófagos sociales.

Carlos Besanson

Publicado en el Diario del Viajero n° 872, del 14 de enero 2004