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Los malos asientos

Cuando los asientos contables no
son correctos ni siquiera sirven
para apoyarse en las letrinas.
Las crisis económico-financieras tienen mucho de esos desajustes tramposos
C.B

En derecho siempre se señala que la diferencia entre estafa y defraudación está en que, en la primera figura jurídica el dolo actúa desde el comienzo, y en cambio en la segunda aparece posteriormente.

En la actividad empresaria la aceptación del riesgo es parte integrante del resultado final de ganancias y pérdidas. La capacidad gerencial para manejar información fidedigna es parte de los méritos que permite resultados favorables. La determinación ajustada de la probabilidad de cumplimiento, propio y ajeno, frente a compromisos adquiridos es un factor que ayuda a decisiones correctas.

La audacia de ciertos empresarios es meritoria en la medida en que sus ideas-objetivos estén apoyadas en una administración realista de los bienes disponibles en las distintas y diferentes etapas de la evolución de su actividad.

Creer que una buena idea, que en teoría llena una necesidad potencial del mercado, es suficiente para el éxito, es estropear la idea y fracasar en el intento. Se necesita también manejar los instrumentos necesarios para llegar al cliente con una total eficiencia.

El análisis de costos reales y no maquillados y la capacidad, interna y externa, de competir mediante la adecuada toma de decisiones, y su inmediata ejecución, constituyen factores importantes que ayudan a obtener buenos resultados.

En el ahorro y reinversión constante, y la optimización de la capacidad de producción y de la prestación de servicios, se obtienen diferenciaciones con respecto a posibles competidores que buscan la captura de un mismo público o clientela.

Sin embargo existen numerosos ejecutivos que se apoyan fundamentalmente en sólo algunos aspectos de la gestión empresaria. Ejemplo de ello son los que manejan exclusivamente dinero ajeno, sea éste proveniente de ahorristas, inversores, financistas, banqueros, proveedores o compradores. Ese tipo de captura circunstancial de capital obliga a tener resultados positivos de inmediato para hacer frente a las amortizaciones, intereses y beneficios pretendidos por quienes son sus titulares originales.

Cuando los negocios no se afirman de inmediato, como se da en la mayoría de los casos, comienza el pedaleo para diferir los compromisos de corto plazo. Es así que se buscan acreedores sustitutivos, a veces mediante ardides tales como generar una imagen artificial de euforia y éxitos. Para ello se puede llegar a recurrir hasta a falsos balances que no representan la realidad, pero que la fingen de la misma manera que ciertas escenografías teatrales. Y ahí comienza el fraude, que compromete los resultados finales y que frustra las expectativas generadas. Manejar grandes sumas de dinero hace que muchas personas y empresas adquieran notoriedad. Pueden llegar a ser incluso famosas; el tiempo dirá si con buena o mala fama final. Pero la responsabilidad moral y legal se incrementa por el daño social que genera toda bancarrota de gran nivel patrimonial. También los países, a través de dirigentes mal formados, pueden pasar por etapas de aparente esplendor, que al no estar bien basadas terminan en desconcertantes colapsos. No debemos olvidar que en materia de política económica se dan muchos principios similares a los que se reconocen ahora como fundamentales en materia de preservación ecológica: si no se cuida el medio, difícil es salvar a largo plazo al hombre. Negar la realidad es una manera de empezar a tropezar. Los diagnósticos errados llevan siempre a tratamientos equivocados.

Carlos Besanson

Publicado en el Diario del Viajero 557 del 31 de diciembre de 1997