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Secretos de Estado II

El silencio por especulación es cómplice,

el silencio por miedo también es cómplice. C.B.

Los modernos aviones de transporte de pasajeros llevan, como un elemento de control a posteriori, una caja denominada negra, destinada a registrar por una parte, los datos fundamentales de los instrumentos del tablero de conducción, y por otra las conversaciones de la tripulación de cabina. La reconstrucción de los dichos y hechos previos a un accidente de un avión permite definir mejor las causas del mismo. En política la caja negra es la registración, a través de los diarios, de los dichos y hechos de cada uno de los tripulantes de las aeronaves que transportan a los ciudadanos a destinos prometidos. La lectura de esas cajas negras sorprenden por la superficialidad, o en su caso la irresponsabilidad de muchos de sus actores esenciales. Los accidentes políticos no comprometen exclusivamente a los actores principales sino a todos los que confiadamente subieron a un avión cuyo destino final no es el convenido inicialmente. Esa falta de seguridad en la llegada, encubierta por una hábil propaganda convocante, perturba la tranquilidad de los que creen que Cambalache es sólo un tango, y no todo un manifiesto social. Muchos países están plagados de deudos de hombres y mujeres perdidos en duros aterrizajes improvisados. Muchos países también están plagados de deudas, fruto de malversaciones del bien común. ¡Es que hay momentos en que la caja negra olfativamente semejan a un pozo negro!

Cuando examinamos ciertas campañas electorales descubrimos algunas similitudes con frecuentes matrimonios entre ricos y famosos. Parecería que basta ponerse un hermoso vestido blanco para que la contrayente disimule todas las heridas de guerra, ganadas y perdidas, y adquiera mediante esa vestidura, previamente rasgada y hábilmente zurcida, la suma de todas las virtudes y el pulido de todos los defectos. Es que el hábito no hace al monje ni las promesas a la realidad.

La afirmación de los buenos hábitos de la ciudadanía, y de quienes actúan por mandatos en su representación, depende exclusivamente de su capacidad participativa en la conducción de la cosa pública. No en vano los romanos exigían que el mandatario debía manejar los bienes ajenos con el criterio de un buen padre de familia. Sólo en épocas de desconcierto, como las actuales, se puede minimizar ese gran nivel de responsabilidad que tiene un jefe de hogar en esa pequeña patria que es la casa. ¿Son los funcionarios públicos verdaderos y auténticos jefes de ese hogar nacional al que todos aspiramos?¿Nos sentimos seguros con cada uno de nuestros representantes?¿Pensamos que muchos de ellos van a ser infieles a sus mandatos y a sus mandatarios?

Los secretos de Estado ayudan a las falsas rendiciones de cuentas, y a las negociaciones encubiertas de quienes han desarrollado una gran habilidad actoral para mentir, y una gran capacidad legal para zafar. Los ciudadanos deben mantener vigentes hábitos que permitan rápidamente interpretar situaciones de silencio que rompan la armonía republicana, de la misma manera que lo hace el ruido ensordecedor de los estallidos escandalosos. Muchas veces los silencios de prensa se cotizan tan caros como una gran solicitada. La buena prensa es aquella que no sólo ilumina la escena de los hechos peligrosos, sino también la que señala los lugares de escape. Buscar las cajas negras es preocupación de todos los medios de comunicación. Saber interpretar el contenido de las mismas obliga a una preparación adecuada.

También los medios de expresión son mandatarios tácitos de sus lectores y sus escuchas. Ellos cargan por lo tanto con las mismas responsabilidades que los otros sectores representativos de la comunidad. Ser también en este caso buenos padres de familia, es una obligación sin ningún tipo de excusa eximente, porque sino, el mismo descrédito adquirido por otros mandatarios infieles caerá sobre ellos.

Carlos Besanson

Publicado en el Diario del Viajero n° 475, del 5 de junio de 1996