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Una alegría para vivir

Cuando los franceses hablan de la joie de vivre, la alegría de vivir, señalan un aspecto, importante en el ser humano, que permite una mejor y más apasionante supervivencia.

Si no nos fijamos objetivos viables, lo suficientemente cercanos, como para que siempre sean visibles, y bastante lejanos, como para que mantengan como tales una permanencia prolongada, corremos el peligro de entrar en un quietismo inoperante, o en una incoherente búsqueda, en la cual, el mero movimiento se puede confundir con una verdadera acción.

Ese quietismo nada tiene que ver con el reposo del guerrero, que ocurre cuando se produce el descanso tan necesario para reponer energías y hacer autocrítica de lo ya realizado, y planes de lo que se pretende hacer La confusión entre los conceptos, que pueden ser teóricamente bien expresados, y los hechos que los representan, implica muchas veces contradicciones que quitan coherencia en la vida, y que terminan generando inseguridades, en la persona y en quienes la rodean. Vivimos en un mundo tan pendular, que no solamente se marean quienes acompañan corporalmente el movimiento oscilante, sino que también sufren el vértigo aquellos que sólo lo miran. La pérdida de puntos de referencia da la sensación de inestabilidad en algunos y náuseas en otros. En cualquiera de los casos la inseguridad se adentra circunstancialmente en el ser humano. Los sustos y miedos que estas sensaciones producen restan esa alegría de vivir. Para muchos, tales sentimientos son meras anécdotas, que pueden ser importantes o no. Para otros, son experiencias de vida que los preservan y potencian para el futuro. Generalmente las anécdotas no dejan nada más que cicatrices, y en cambio las experiencias le agregan a esas marcas de la vida verdaderos anticuerpos conducentes a una mejor salud mental.

El acumular experiencias es la única forma de capitalizar el tiempo. Sumar anécdotas es juntar desordenadamente diferentes episodios con distintas escalas de valores; es una forma de convertir en cambalache lo que pudo ser un banco de datos bien administrado.

Saber realizar la vida en una carrera de largo aliento, tipo maratón, y no correrla como si fuera cien metros llanos, es parte de una sabiduría que debemos aprender cuanto antes, y practicar todos los días. La pérdida del aliento es consecuencia de que estamos dando los pasos en forma equivocada.

Mal podemos sonreír auténticamente si nuestra respiración es entrecortada. Perdida la sonrisa, es difícil que obtengamos el goce de una risa saludable que ilumine nuestro rostro, y contagie al de nuestros vecinos. Dejamos de emplear así un cable a tierra que ayuda a recuperar rápidamente nuestro equilibrio emocional.

Todos somos, y seremos, veteranos de muchas guerras; grandes y pequeñas, internas y externas, cortas o prolongadas, civilizadas o no. Pero debemos intentar ser sobrevivientes, sin los rencores y amarguras que nos impidan integrarnos en una sociedad no perfecta, llena de otros veteranos, algunos sin glorias ni medallas; otros con mutilaciones, pero tan humanos como nosotros.

Los fracasos, las derrotas y las humillaciones deben curarse oportunamente, sino se transforman en enfermedades crónicas que quitan calidad de vida. Considero que transferir una dosis de alegría de vivir es una terapia no costosa y al alcance de todos.

Carlos Besanson

Publicado el 23 de setiembre de 1998, edición no 595