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Vicios redhibitorios en política

En derecho se estudia la existencia de vicios ocultos en los objetos, muebles e inmuebles que, de haber sido conocidos por alguna de las partes, pueden afectar la correcta toma de decisión en un contrato. La gravedad de esos vicios ocultos puede generar la anulación de un convenio o, como contrapartida, la modificación de los compromisos adquiridos. La actitud maliciosa o culposa, de quien ocultó una realidad trascendente, también es ponderada por quienes deben juzgar estas situaciones.

Pero los vicios ocultos también se pueden dar, a mi entender, en los compromisos políticos. La venta de imagen puede llegar a ser, nada más, que una mera venta de ilusiones. Por lo tanto debe cesar la irresponsabilidad de aquellos dirigentes, que pactan con la ciudadanía, verbalmente o por escrito, dando origen a acciones redhibitorias, en donde los mismos deben responder en forma personal con su patrimonio, esté el mismo en el país o fuera de él.

La corrupción que afecta muchas tomas de decisión de la dirigencia, sea ésta política, empresaria o sindical, en la medida que sea tolerada, o que operativamente sea impune, implica una práctica injusta que afecta la igualdad ante la ley, y que perjudica toda apetencia de una democracia estable.

Redimir a un pueblo, no consiste simplemente en rescatarlo de la esclavitud o el cautiverio, sino también liberarlo de todo gravamen generado mediante engaños. Todo deudor asediado por compromisos desproporcionados pierde su libertad de acción. No hay dudas de que, puede darse el caso de culpa concurrente entre un deudor irresponsable y un acreedor engañoso, pero no sería justo que se premiara ventajosamente a uno u otro.

La corrupción política-económica también puede considerarse un delito de lesa humanidad, porque atenta no solamente contra las generaciones presentes, sino también, con el devenir, a la generación de nuestros hijos y nietos. La corrupción, oculta o manifiesta, de los funcionarios también es un vicio redhibitorio que afecta los convenios gestionados por funcionarios traidores a sus mandatos.

Victor Hugo, escritor francés del siglo XIX, se hizo famoso por una novela llamada Los miserables. Lamentablemente, la realidad nos muestra en el mundo la existencia de muchos miserables, que pueden ser, según el ángulo de observación, las víctimas o los victimarios.

El relato de la crónica periodística cotidiana no tiene el estilo de Victor Hugo, pero si una documentación que, tanto sirve para nuestros futuros historiadores, como a los auténticos investigadores de los presentes vicios y fracasos. A veces la ironía de una caricatura ayuda al ciudadano a aguantar mejor los tiempos de espera, y a sentirse vengado ante la desilusión. Existe un viejo dicho popular, que manifiesta, que para saber si una persona es renga, hay que verla caminar. Todos los ciudadanos debemos estar atentos para detectar rápidamente, y divulgar, la discapacidad funcional política de quienes se postulan para ser, o seguir siendo, representantes del pueblo, o administradores de la cosa pública. Independientemente del juicio de Dios, nosotros debemos demandarlos, porque así se comprometieron en el juramento de asunción, con sus invocaciones y promesas.

Carlos Besanson

Publicado en el Diario del Viajero n° 741, del 11 de julio 2001